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Los productos fitosanitarios en la encrucijada de la Unión Europea

Los productos fitosanitarios en la encrucijada de la Unión Europea

Varios expertos avisan del impacto que podría sufrir el campo si se prohíbe el producto conocido como glifosato. Alertan de que se reduciría la superficie cultivada y aumentarían los costes.

El sistema agrario español se encuentra en momentos de incertidumbre debido a la posible no renovación del herbicida conocido como glifosato. En el observatorio sobre impacto socioeconómico del glifosato y Agricultura de Conservación organizado por EXPANSIÓN y patrocinado por la Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas (AEPLA) se debatió, por parte de expertos, acerca de esta nueva norma legislativa. "No usar glifosato tiene un elevado coste tanto material como económico. Es importante mostrar a la sociedad la importancia de la tecnología y el uso de los fitosanitarios" defendió Carlos Palomar, director general de AEPLA.

Todo este debate se ha generado a raíz de que la Organización Mundial de la Salud elevara el nivel de riesgo de este producto en 2015. Ahora, la Comisión Europea está debatiendo sobre este producto tras un informe de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA), que no consideraba que sea un producto cancerígeno.

Price WaterHouse Cooper (PWC) emitió un informe sobre el impacto socioeconómico del producto que quieren hacer llegar a la Comisión Europea. Para Jordi Esteve, director de Economics en PWC, la no renovación del glifosato podría implicar una serie de costes socioeconómicos. Por un lado la Agricultura de Conservación implica para España un ahorro de 70 millones de euros. "Supone 116 millones de euros más de beneficio para los agricultores, y estos beneficios podrían multiplicarse por 6 y 8 en los próximos años" resume. Los principales perjudicados si no se renueva serían los propios agricultores, pero también los clientes de los agricultores, sus proveedores y sobre todo los hogares.

Si finalmente la Comisión Europea decide no renovar su uso habría tres efectos directos sobre la agricultura. Primero, tendríamos una disminución de la producción por hectáreas, existiendo una reducción de la productividad en los cultivos permanentes. Segundo, habría un aumento del coste de producción debido a que los agricultores buscarían nuevas formas para controlar las malas hierbas. Y finalmente, repuntaría el requerimiento de la mano de obra a causa de que no disponer de glifosato implica una carga de trabajo mucho mayor para el agricultor.

"El uso del glifosato está muy extendido. Se degrada rápidamente y no es residual" afirmó Javier Alejandre, técnico en PAC, y perteneciente a la Unión de Pequeños Agricultores. La utilización de este fitosanitario es muy segura y cumple todas las condiciones impuestas por la Unión Europea. Para los agricultores, es una herramienta muy importante para combatir las malas hierbas. "Los agricultores no quieren utilizar un producto nocivo para la gente" destacó Jesús Gil, presidente de la Asociación Española Agricultura de Conservación. Suelos Vivos. Apoyando esta tesis Javier Alejandre afirmó que "por encima de todo está la salud, pero si no existe un cuestionamiento del producto, no se puede impedir su utilización".

Los beneficios de tratar los cultivos con glifosato van desde la perspectiva del pequeño agricultor a la generalidad. Para Javier Alejandre, tratar una hectárea de su terreno implica un coste de 6€. Si la trata con otro herbicida u otras técnicas le costaría 57€. Las alternativas al uso del glifosato supondrían un 10% menos de productividad y un 10% más de coste de producción. También esta sustancia puede utilizarse para los cortafuegos, evitando que las malas hierbas actúen como estímulo del fuego.

Las alternativas al uso del glifosato no son nada rentables ya que implican mayores costes. "No se puede volver al laboreo", resumió Jesús Gil.

 

Fuente: expansion.com

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